Pues eso, que se fue mi abuelo. Nos dejó y ahora seguro que descansa más tranquilo que cualquiera de nosotr@s. Las primeras horas fueron bien dolorosas... y además tuvieron un añadido imperdonable; pero de eso no voy a hablar. El que importa ahora es mi abuelo.
Todavía tengo esa imágen de él enseñándome con sus estropeados dedos a hacer la escala de Do natural en mi recién estrenado, de aquella, Casio PT-20. Y recuerdo haberle visto tocar el acordeón y cantar como pocos. Trabajador, minero, músico, vendedor ambulante (de cuando los caminos eran como eran y el transporte casi ni existía), y además todo lo que le sigue a casi todo ser humano: padre, amigo, consejero... y abuelo.
Sea este mi homenaje póstumo hacia una de las personas que me inculcó el amor por ese bello arte, a veces tan despreciado, como es la música. Con lágrimas en los ojos, con el corazón totalmente roto, pero sabiendo que descansa tranquilo...